Hace poco unos titulares llamaron poderosamente nuestra atención: “La Noche en Blanco busca madrileños que se ‘infiltren’ y ‘saboteen’ sus actividades”. Obviamente era un titular engañoso ya que nadie estaba buscando saboteadores “realmente”, sino que era el modo de presentar uno de los proyectos artísticos invitados a LNEB.

Se puede deducir entonces que la oficina de prensa de LNEB intenta presentar “la crítica desde dentro” entre los objetivos de esta edición. ¿Pero en qué consiste el anunciado “sabotaje”? En un simulacro de sabotaje, claro, ya que en otro titular podemos leer: “Se ha iniciado un ‘casting’ de candidatos que deberán ensayar”. El sabotaje como un acontecimiento programado más, previa presentación de curriculum y proyecto y posterior asistencia a taller. ¿Dónde queda entonces la oposición a la instrumentalización institucional de la cultura? Pues perfectamente “integrada” en el evento, confundida con cuestiones de recepción que se disfrazan de subversión, donde “para desestabilizar las posiciones usualmente asumidas por artistas y públicos, para tender puentes entre obras y observadores”, estos colaboradores “espontáneos” asumirán “la vieja tarea de sabotear las categorías establecidas en pro de un juego más horizontal, más participativo”

De acuerdo, no deja de ser un torpe intento que se invalida con su propia enunciación, quizás simplemente sea otro de esos ejercicios de ética periodística a los que nos tiene acostumbrado el mundo de la comunicación, o un guiño cínico o quizás sea un gesto de la más refinada hipocresía, un ejercicio innato de “doblepensar” orwelliano, recuerden: la guerra es paz, la ignorancia es sabiduría, la libertad es esclavitud y ahora la participación es sabotaje.

Lo llamativo también es intentar ocupar (con el discurso) el espacio del disenso al tiempo que se asiente acríticamente, estar en misa y repicando, en las tajadas y en el postre. Que feliz ha de estar el Ayuntamiento con esta herramienta cultural de proliferación de consenso en la que se está convirtiendo LNEB capaz incluso del auto-sabotaje… por cierto ¿no era eso mismo (la escenificación del consenso) lo que estaba inscrito en la lógica del monumento público? ¿es la Noche en Blanco la nueva y moderna Violetera de Madrid?

Por último, nos quedaría por saber si habrá policías infiltrados entre los saboteadores, así sería más “real”.